En 23 de febrero

Desde ayer Alicia. Mía.

Mis sueños...
Una vez estuvieron hechos de tu barro, de ti
de tu sonrisa encendiendo suspiros y anhelos
Hoy aquellos sueños...
Despojados en anticipación de rostro
empiezan a tener el tuyo.

-3 enero 2004

Y entonces tú apareces
toda inmensa y hermosa sonrisa
invadiendo la mente y los sueños míos
robando mis horas de descanso
y los fríos amanaceres,
esperando, anhelando,
rozando, acariciando,
observando y admirando
suspirando.
Pensándote.

-7 Ene 2004

Si por fin tu nombre...

¿Qué es lo que hace falta para que te vayas de aquí?
Más que irte, mejor si como nunca hubieses estado.
Y no es arrepentimiento porque eso no cabe dentro.
Es delirio, querer y ansia,
de que por fin tu nombre no perturbe mi respiración,
ni mi calma.

Hasta mañana

La chica latina y su falta de prevención hace cinco o seis años que hoy va de nuevo al colegio, la niñita asiática asustada ante tanta gente de aspecto diferente y su abuelita que le trata de calmar con un poco de compañía, el vecino francés que me recuerda mucho a mí mismo, la simpática familia de la India de papá y dos niñas que me arrancan una sonrisa cuando hablan su peculiar inglés, la señora demasiado simpática para mi gusto y su hermosa hijita, la esporádica "mini" Angelina Jolie, los colegiales de siempre, el metalero disgustado por ir de nuevo al "curro", el latino de la chaqueta de "la Juve", el adolescente que se mantiene a distancia de la madre por vergüenza, la chica de la tienda de golosinas con el mismo peinado hacia arriba de cada día, la estudiante compañera de miradas que nos divierten, el señor de los pantalones muy viejos y la mochila hacia delante que lee la guía de ciudades europeas en posición y actitud de cura ortodoxo, la experiencia quemada en los ojos y las canas largas del señor que "se atreve" con piezas clásicas salidas de su guitarra, la compañera "demasiado maquillaje" de la de las golosinas, el (no hay duda alguna de que soy) informático, el cincuentón amargado subscrito a El País, y los muchos compañeros de solo dos o tres viajes.

Cuántos y que variados somos los que empujamos cada día nuestras pequeñas vidas a través de los túneles y vías públicas de una ciudad tan grande. Caótica y en hora punta.

Adiós, nos vemos de nuevo mañana.